CASTRO DE ULACA
Hay lugares que imponen silencio. El Castro de Ulaca es uno de ellos. Subir hasta este poblado vetón de hace más de dos mil años, caminar entre sus murallas derruidas y plantarte frente al altar de sacrificios con la Sierra de Gredos al fondo produce una sensación difícil de explicar.
Ulaca no es un yacimiento cualquiera. Es el castro más grande de la Península Ibérica, con más de 60 hectáreas de extensión. Los vetones eligieron bien: un cerro granítico a 1.500 metros de altitud, protegido de forma natural y con control visual sobre todo el Valle Amblés.
Te cuento cómo visitarlo y qué vas a encontrar.
Quiénes eran los vetones
Antes de subir conviene saber quién levantó todo aquello. Los vetones fueron un pueblo prerromano que habitó el centro-oeste de la Península entre los siglos V y I antes de Cristo. Su territorio abarcaba las actuales provincias de Ávila, Salamanca, Cáceres y parte de Toledo y Zamora.
Eran ganaderos principalmente. Sus famosos verracos, esas esculturas de piedra con forma de toro o cerdo que encontramos por toda la provincia, probablemente tenían función protectora del ganado o marcaban territorios de pastos.
Vivían en castros, poblados fortificados en altura. Ulaca fue uno de los más importantes, quizá el principal centro de poder vetón en la zona. La llegada de Roma a finales del siglo I a.C. supuso el abandono progresivo de estos asentamientos.
Cómo llegar al Castro de Ulaca
El castro se encuentra en el término municipal de Solosancho, a unos 25 kilómetros de Ávila capital y a aproximadamente 30 kilómetros de Robledillo.
En coche hasta el aparcamiento
Desde Ávila, toma la N-502 dirección Arenas de San Pedro. A la altura de Solosancho, sigue las indicaciones hacia Villaviciosa. Antes de llegar al pueblo, un desvío señalizado lleva hasta el aparcamiento habilitado para visitantes.
Desde Robledillo puedes ir por la N-502 hacia Ávila y desviarte en Solosancho, o bien por carreteras secundarias atravesando el Valle Amblés.
La subida a pie
Desde el aparcamiento hay que caminar. No existe acceso rodado hasta el castro. El sendero tiene unos 2 kilómetros con un desnivel de aproximadamente 200 metros. Calcula entre 30 y 45 minutos de subida según tu ritmo.
El camino está bien marcado y no presenta dificultad técnica, pero es una subida constante. Lleva calzado cómodo, agua y algo de abrigo porque arriba suele correr viento.
Qué ver en el Castro de Ulaca
El yacimiento es extenso y está disperso. No esperes un recinto compacto con carteles en cada esquina. Parte del encanto es precisamente ese aire de lugar sin domesticar, donde la arqueología se mezcla con el paisaje y las piedras del castro se confunden con los bolos graníticos naturales.
La muralla
El recinto estaba defendido por una muralla que aprovechaba los cortados naturales de granito. En algunos tramos se conservan lienzos de hasta 3 metros de altura. La técnica constructiva es sencilla: piedras encajadas en seco, sin argamasa.
El perímetro amurallado supera los 3 kilómetros. Demasiado para recorrerlo entero, pero merece la pena acercarse a los tramos mejor conservados en la zona este.
El altar de sacrificios
La pieza más conocida del castro. Una gran roca granítica tallada con escaleras de acceso, canales para evacuación de líquidos y una superficie plana en la parte superior. Todo apunta a que aquí se realizaban sacrificios rituales, probablemente de animales.
Verlo impresiona. La escala, la ubicación dominando el valle, la antigüedad del lugar… Es fácil imaginar ceremonias nocturnas con hogueras hace veinticinco siglos.
La sauna o fragua
Estructura semisubterránea única en la Península. Se interpreta como una sauna ritual donde los guerreros vetones realizaban baños de vapor antes o después del combate, quizá con fines purificadores.
El sistema funcionaba calentando piedras con fuego, vertiendo agua sobre ellas para generar vapor y evacuando el humo por una chimenea tallada en la roca. Ingeniería sorprendente para la época.
Las viviendas
Dispersas por todo el recinto se aprecian restos de estructuras circulares y rectangulares que fueron viviendas. Los vetones construían casas de piedra con techumbre vegetal. Algunas tenían varias estancias.
No quedan muros en pie, pero las plantas son reconocibles. En las excavaciones se han encontrado cerámicas, molinos de mano y objetos metálicos que hablan de la vida cotidiana.
El torreón
En la zona más elevada del cerro se conservan restos de una estructura que pudo ser una torre de vigilancia o un edificio singular. Las vistas desde aquí abarcan todo el Valle Amblés y la Sierra de Gredos.
Consejos para la visita
Tiempo necesario: Calcula al menos 3 horas contando subida, visita y bajada. Si quieres recorrerlo con calma y explorar todos los rincones, medio día no es exagerado.
Mejor época: Primavera y otoño son ideales. En verano el calor aprieta y no hay sombra. En invierno puede haber nieve o hielo en el camino.
Equipamiento: Calzado de montaña o deportivo con buena suela, agua abundante, protección solar, algo de comida si vas a pasar la mañana. El viento arriba es frecuente, lleva una capa cortavientos.
Horario: El acceso es libre las 24 horas. No hay taquilla ni control de entrada. Tampoco hay servicios de ningún tipo: ni baños, ni fuentes, ni bar.
Visitas guiadas: La oficina de turismo de Solosancho organiza visitas guiadas en determinadas fechas. Merece la pena si quieres profundizar en la historia del lugar.
El entorno del castro
La visita a Ulaca puede combinarse con otros puntos de interés en la zona.
Solosancho
El pueblo más cercano. Pequeño, tranquilo, con una iglesia parroquial que guarda sorpresas. Buen sitio para tomar algo después de la caminata.
Villaviciosa
A un par de kilómetros. Su castillo en ruinas domina el valle y ofrece otra perspectiva del paisaje que controlaban los vetones.
El Valle Amblés
El castro vigilaba este valle que conecta Ávila con la sierra. Tierra de pastos, dehesas de encina y pueblos pequeños. Conducir por sus carreteras secundarias es un placer.
Ulaca y la Sierra de Gredos
Desde Robledillo, el Castro de Ulaca queda a unos 30 kilómetros. Puedes dedicar una mañana a la visita y volver a la casa rural para comer, o combinarlo con una parada en Ávila capital por la tarde.
La excursión funciona especialmente bien en días claros, cuando las vistas desde el castro alcanzan las cumbres nevadas de Gredos. Esa imagen de las murallas vetones con la sierra al fondo es de las que se quedan grabadas.
Ulaca no es un museo al uso. No hay vitrinas, ni audiovisuales, ni cafetería con terraza. Es un lugar para caminar, observar y dejar que la imaginación haga su trabajo. Los vetones eligieron este cerro hace más de dos mil años y algo de su presencia permanece entre las piedras. Solo hay que subir y dejarse llevar.